Una trastienda no es un almacén y no debería leerse como tal
Un cuarto, unas estanterías y alguien que necesita saber si quedan cuatro cajas de algo antes de prometérselas a un cliente.
El stock de una tienda vive en dos sitios poco fiables: una libreta y la memoria de alguien. Funciona hasta que esa persona libra, o hasta que la estantería dice una cosa y la libreta otra y nadie sabe a cuál creer.
La alternativa habitual —un inventario por suscripción— pide una cuenta, una conexión a internet y una cuota mensual para resolver un problema que no sale del local.
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Modo cajas desde la primera pantalla
El asistente inicial pregunta si trabajas con cajas o con pallets. Eliges cajas y la aplicación no vuelve a nombrar un palé ni un SSCC.
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Mínimos que avisan
Pon el mínimo de un producto y el panel cuenta lo que ha caído por debajo. La lista de productos filtra justo esos.
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Recuentos que dejan rastro
Corregir un recuento es un ajuste con su motivo, no un número tachado, así que una cifra rara se puede explicar después.
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Nada a lo que registrarse
Se instala sin permisos de administrador, funciona sin internet y guarda tus datos en un fichero que puedes copiar.
Dónde se queda corto Una persona a la vez, en un ordenador: no es un sistema multiusuario en red y no controla ventas — controla lo que hay en el cuarto.